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Cadena Perpetua.

Desenvaino el verso latente
despliego ésporas en las flores
descubriendo secretos que arden
alcanzo el cénit de tu nombre.

Blandiendo mi pluma en tu cuerpo
descalzo y desnudo el lamento
de tu vacío, hago un traje
de cadenas, jaulas y cárceles.

Perdona vida mía
por querer atraparte
y fundirme en tu abrazo

por buscar tu perfume
y arrastrarte a mis folios
alcanzando éstos lazos. 

31.10.12

De una niebla temprana
han surgido rayos solares
y en tu ventana, voces
de deseo.

Han dejado los pájaros
picotazos de amor escrito,
y en un dorado sueño
piel y aromas.

De tus desiertas sábanas
guardo tus ojos, prados de luz.
De tus desiertas sábanas...
tiempo efímero.

Voy caminando rutas,
y no sé si eres el camino.
De tu voz a tus labios,
calles vacías.

Despacio, a pasos ando.
Si en la lucha nace el guerrero
fría navaja expreso.

Vencido o venciendo, mi vida
entre tus manos cálidas
voy viviendo.
Si tu voz tuviese alas
volaría entre rocas
de sal, entre olas rígidas
gritos de angustias del mar.

Voy socorriendo pájaros
por encontrarte entre ellos.
Transladando su migrar
ondas de sombra escrita.

De tu sonrisa al cielo
hay un suspiro escondido,
un grito silenciado
un beso hostil y áspero.


Happiness

Permitéme hundirme; lenta-mente...
mirándote a los ojos, lanzaré
mi último suspiro, sonriendo
al aire, para llegar a tu voz,
atravesando el frío túnel de escarcha
y cenizas.


        Pálido y pulido
        mi cuerpo en tu regazo
        de luces tibias
        y tacto fosfogenérico.


Sólo al escribir
dejo de ser humano,
y soy tinta en movimiento
dibujado en un espacio,
espejo blanco.


                                                   "...y como tal cometo errores,
                                                    pero de ahí, a ser un vendido

                                                    hay kilometros, señores..."    (Kase. O)
El amanecer es ceniza ahogada en el asfalto... sólo porque te fuiste portando un beso de despedida; guardado, junto a un sujetador en aquel bolso oscuro.
(Silencio, sumo placer).
Hablan de sal tus labios,
de una tierra castigada
por la oleada marítima,
y buscando tus ojos
divisé palomas en el cielo,
y buscando tu risa
observé tus manos de terciopelo.

Deseo es el idioma de tu mirada
profunda la herida que te daña,
en el castizo suburbio de rocas
maltrechas, encontré tu nombre ácido

asiduo acre que empuña tu alma
perpetua estatua de emblema podrido,
que asiste a su funeral
cubriendo su cuerpo de pluma y fiesta.

Sólo somos tiempo,
la distancia es la medida
de los pasos en los que nos
aproximámos...

Para subir a los hombros del gigante.

Primero: coja una cuerda, cuelgue en su extremo un cubo mediano, cargue en su interior todo aquello que siempre le han enseñado.

Segundo: apunte a las rodillas del gigante, rodeelo, con toda la fuerza que ya ha demostrado en su existencia, en su día a día.

Tercero: suba por la pantorrilla, ya no necesita todos esos recuerdos que le causaron dolor, deshagase de ellos, son un peso innecesario para su hazaña.

Cuarto: siga subiendo por el torso, así no podrá verle. Esconda sus ojos en cualquier oscuro cuchitril... algunos ya tienen experiencia en esto.

Quinto: Prosiga por su cuello, y mantengase alerta en sus manos, escupa todos los miedos que le mostraron a la oscuridad, pues sólo es la ausencia de luz, y ésta la creación del color...

Sexto: Suba a su hombro, y cante la canción que amenazó su vida.

Séptimo: Acabe con el gigante...
Voy a ser sincero. He saltado desde el puente de la cordura hasta el río seco y degradado de la razón ilógica. Aquí, se han roto las leyes, pero existen normas extinguidas en el silencio. Aquí, la libertad es la esclavitud de los conceptos estructurados. Sin destino, rumbo, camino, y otras limitaciones redactadas.
Voy a volver a mentir. Permanezco sentado en el borde de una pequeña silla, y aquí estás tú. ¿Qué te induce a volver? Aquí, no queda nada; como allí, nada te hizo que volvieras, como allá no hay nada que te impida volver. Con mil destinos, rumbos y caminos, y tantas limitaciones... ya conocidas.

Aquella ventana...

Se asienta el sol entre los edificios,
la ventana estática luce paz.
Plácido es el letargo en decadencia,
el tono se mezcla entre
el trigo fresco de tu pelo y
el naranja de la tierra sur
que aulla...

El tendedero esta vacío,
las pinzas desordenadas
de mil colores distintos,
se distribuyen de par en par,
unas se abrazan y otras se besan
agitándose con el viento,
que brama...

El sol se despide, los pájaros
agitan sus alas de vuelta a casa.

Rosada es la piel del cielo,
se reflejan las antenas en su costado
disparan a las estrellas, desnudan
el firmamento.

Una música que ruge lenta, arropa al astro
que cierra sus ojos, entre sus últimos tonos
morados...

Sueña el sol con la luna,
él la ilumina.

En noches menguantes en que la muerde
el aire se insinúa.
En noches llenas cuando la domina,
el aire se estremece.

Y cae el telón de puntos infinitos,
la brisa sinuosa de suspiros,
la cerveza fresca, elixir de sabidurías.
La certeza de existencia que esconde
suicidas.

En un atardecer descubrí el amor,
en un atardecer descubrí la adrenalina,
de saber que la vida pide esdrújulas...
Caos de lo que nunca sabrás
que podrá pasar.

Mi alma, un deseo

Déjame teñir el cielo azul
del blanco celo, que recelan
mis manos. Déjame plañir la
tierra verde, del negro odio
que enturbia mi voz.
Déjame ceñir este telar;
hoy soy esclavo de las Parcas,
y he quemado el destino escrito,
para entretejer mi propia
muerte negra, espesa y oscura.

Pesa en mi alma un deseo...

He estado hablando con Eolo.
Famas me contó sus rumores.

Mi muerte es la eterna esencia;
supervivencia de un recuerdo,
la eterna búsqueda de un cuerpo
efímero...

En el vaivén del tiempo,
tiemblan tambores de guerra.
En el vaivén del tiempo,
solo sobrevive un cuerpo.
Un amor eterno llamado Poesía...
Anoche se presentó ante mí un recuerdo olvidado; ya la noche se mecía en el alba, arropando con luz la presencia de la Luna.

Me ví sentado en la fría tierra seca. En mis manos notaba los terrones de arena dura, y al alzar la vista volví a ver el blanco cielo que cobijaba la huerta, bajo finas nubes cuadrículadas de color gris. En el exterior, se dibujaban las fronteras del campo. El viento se entrechocaba. Pasaba ululando entre las rendijas del invernadero, produciendo un sonido ensordecedor en los días de ventisca.
La voz de mi padre se alzaba al fondo, tosca y enternecedora. En sus manos, llevaba la azada, madera y metal. Pasó por entre las lindes formadas por los pequeños brotes que nacían. Paró a la mitad. Los brotes se mezclaban con la mala hierba, en algunas ocasiones se abrazaban en cortejo. La azada sonreía. Las manos ya besaban la madera; el metal se calentaba en su ascenso. Ya por encima de la cabeza del hombre, el niño cerraba los ojos.
El sonido era dulce. El acero ara(ña)ba la corteza gélida. Las fisuras a su paso se propagaban, el hierro se agarraba a la tierra. La azada hincaba sus uñas. Los brazos ya hacia atrás con fuerza. Muerta ya, la vida de la mala hierba.
El niño abría los ojos, y el proceso se repetía. Recuerdo en mi mano la dura tierra en grito, a la que yo daba vida, dibujando en su forma caras.

Asturias

¿Dónde se ha roto el espejo;
que dejó a mi tierra sumida,
y a ésta otra estancada?

El cielo gris; podrido por sus minas,
dibuja la tranquilidad que el alma
paciente buscaba.

Y en mi tierra yace la navaja
del sol candente, que el fuego
en movimiento aviva.

"Al otro llau" de Sierra Morena
se dibuja el silencio, una forma
y vida distinta del amanecer alegre.
Fúndete en mi fuego,
déjate llevar como la hoja
acariciada, viento suave
eterno en su ascenso.

Y fulminar en la cólera
de la tormenta despiadada,
un torbellino, que arde
en el cénit de su forma.

Llora la tierra, el mar,
la luna; miéntras ambos,
cuerpos fugaces, nos perdemos
en este instante; tiempo...

Soy ceniza de esta llama,
tizón del lánguido paladar,
tierno y pérfido, que como
el viento: pasa, arrastra...
y se va.

A las armas!

Lanza tu arma contra mi pueblo,
gólpeale hasta hacerle sangrar.

Ya en el suelo, písale hasta
que sus entrañas estallen, hasta
que tu rabia se sacie contra
tu hermano.

Sois vosotros la espada
de este gobierno.

Un gobierno sabio, gentil, que
todo lo que sabe es dar.

Carga contra nosotros tu aroma
olor a cloaca y pólvora, por ellos,
tus gobernantes que te arrojan
su mano desde lo alto de su Olimpo...

Noble guerrero,
despierta...
Noble guerrero,
es la hora...

Y solo dos...

Etérea, como tu mirada;
Efímera, como tus besos;
Extraña, como el tiempo;
Especial, como Tú.

Imponente, como el ocaso;
Imposible, como los sueños;
Impasible, como el caos;
Importante, como esta vida.

Áspera, y ardiente;
Ambiciosa, como una diosa;
Amable, como el mayor de los pobres;
Atractiva, como la última copa de la noche.

O eso o la muerte,
un deseo fugaz,
ofrécete, o hazme saber que estas.

Hundámonos entre alaridos,
animales sin coraza
que rompen sus cuerpos con el aire.

Dos cuerpos y mil palabras,
y mil silencios, y cien miradas.

Y sólo dos...
Ahora que notas el orden
aun sumiéndote en el caos,
ahora que el mundo lleva
nombre propio, y su esencia
es persistencia de tu existencia.

Ahora que has pisado el escalón
del miedo, y sin temblar, cruzaste.
Y te alzaste victorioso aún sintiendo
el alma vacía, un cuerpo sin
esperanza...

Es hora de que nazcas, de que mires
y veas al mundo, con los ojos primerizos
de un niño, que todo sea por primera vez.

Es hora de que lo aprendido, sea sólo el
curso de lo que queda por aprender, y sin
miedo... siempre, evitando el miedo...
En presión constante, como una olla express
que no para de expulsar vapor, la cena aún
no está servida y el salón es demasiado frío
para permanecer sentado. Discrepo con usted,
si piensa que se trata de un sentimiento
hostil, sigo aquí y allí, de arriba a abajo;
si el semafóro pasa a ámbar comenzaré a correr,
demasiado poco tiempo... ¿para qué mentirle?
si necesito correr y para adelantar para
conocer para llegar a mi tiempo para seguir.

En todo camino hay parada... ¡PERDONE! ¿Sabe a
qué hora sale su bus?