Eres luz de un ventanal,
a la que he cubierto
tras la cortina. Tenue
luz proyectas en esta
habitación, único
consuelo.
No temo a la soledad,
"pues llevo dentro un enemigo",
clavado en mi alma,
acorazado
en mi corazón cristalino.
Ruge el viento cuando
estas más cerca. Desgarra
tu mirada estos telares,
que cubren tu cuerpo como
un cadáver.
Vine imponiendo un deseo,
y me fuí deseando que
impusieras un sueño.
Mas el tiempo, hace
su trabajo, y la
distancia se abraza
a su misiva.
Ya olvidé tu tacto,
ya olvidé tu olor,
ya olvidé tu cuerpo,
...
Me dejo llevar con
el viento en esta
ruta. Deseo efímero,
quizás primero, fue
el recordarte; más
no mereces tanto
prestigio.
Ya olvidé tu rostro,
ya olvidé tu voz,
ya olvidé... ¡aquel perfume!
Llave de mi carcél
en las noches.
Ya olvidé, ya olvidé,... je t´aime.
Páginas
Luces luz en tu mirada, tenue y vacía. Una llama se levanta, cuando a la vida le muestras tu sonrisa; y me olvidas... y te olvido.
Tu corazón tranquilo cruza calles, parques y avenidas. La comida se hace pesada, si una imágen cruza tu mente; pero ya no hay imágenes, ya no hay recuerdos, ya todo es olvido.
En la tarde, un sol radiante calienta tu alma entre tierras andaluzas, y la sonrisa es un manto donde cubrir tu pena... pena en olvido. La cena es amena, cobijada con buena compañía, entre humo y calor humano, nuevas emociones cabalgan entre tus entrañas.
Mas, al llegar a tu cama, un frío me consuela; un recuerdo, una imagen, es tu pena, dulce niña; niña morena. Y sin saber cómo, allí te encuentro, entre las cortinas que separan lo real de los sueños. Y en mis sueños apareces; son segundos, quizás milésimas, pues despierto incómodo; sin olvidar lo que he visto... y después de verlo, niña; solo puedo decirte que: luces luz en tu mirada... Tenue y vacía.
Tu corazón tranquilo cruza calles, parques y avenidas. La comida se hace pesada, si una imágen cruza tu mente; pero ya no hay imágenes, ya no hay recuerdos, ya todo es olvido.
En la tarde, un sol radiante calienta tu alma entre tierras andaluzas, y la sonrisa es un manto donde cubrir tu pena... pena en olvido. La cena es amena, cobijada con buena compañía, entre humo y calor humano, nuevas emociones cabalgan entre tus entrañas.
Mas, al llegar a tu cama, un frío me consuela; un recuerdo, una imagen, es tu pena, dulce niña; niña morena. Y sin saber cómo, allí te encuentro, entre las cortinas que separan lo real de los sueños. Y en mis sueños apareces; son segundos, quizás milésimas, pues despierto incómodo; sin olvidar lo que he visto... y después de verlo, niña; solo puedo decirte que: luces luz en tu mirada... Tenue y vacía.
Papeles Sueltos.
A este cielo nublado
le puse tu nombre,
pues no puedo ver
el cielo que detrás
de las nubes se esconde.
¿y qué me importará a mí?
¿Si encontraste nueva vida,
nueva ruta o camino?
¿Si has descifrado el ruido
en el que tu corazón andaba
dormido?
Todo eso es cosa tuya. Todo.
Mas, es hora de buscarte
a ti, Amor, en toda tu esencia.
Y es en unos ojos marrones,
y en un cabello infinito,
donde encuentro luz entre nubes.
Paz para el condenado.
Para el amante. Para
la amada desaparecida.
Paz para el mundo sumido
en el caos, en el que
ya no importa quiénes
somos, pues somos
demasiados.
Libre al viento quiero
saltar, y soltar amarras
de esta carga...
dura y placentera condena.
Que cargado, me cargo;
cabalgó furioso en una
ruta, llamada celos.
le puse tu nombre,
pues no puedo ver
el cielo que detrás
de las nubes se esconde.
¿y qué me importará a mí?
¿Si encontraste nueva vida,
nueva ruta o camino?
¿Si has descifrado el ruido
en el que tu corazón andaba
dormido?
Todo eso es cosa tuya. Todo.
Mas, es hora de buscarte
a ti, Amor, en toda tu esencia.
Y es en unos ojos marrones,
y en un cabello infinito,
donde encuentro luz entre nubes.
Paz para el condenado.
Para el amante. Para
la amada desaparecida.
Paz para el mundo sumido
en el caos, en el que
ya no importa quiénes
somos, pues somos
demasiados.
Libre al viento quiero
saltar, y soltar amarras
de esta carga...
dura y placentera condena.
Que cargado, me cargo;
cabalgó furioso en una
ruta, llamada celos.
Apareces...
Puedo oírte en los labios prodigiosos,
en algún rincón. Puedo verte en unos
ojos verdes, eléctricos y fluorescentes,
de alguna mirada. Puedo sentirte, escondida
en el rizo de un suave cabello moreno.
Puedo olerte, y es tu perfume, tan cautivador...
Si amanece, y me despierto,
te encuentro en mil sonrisas;
y es el sol tu luz, éste lugar
tu refugio.
Ando tan cerca y tan distante,
me acerco sin buscarte, y allí
apareces, escondida, huidiza,
amedrentada entre tantas.
No te busco Amor porque aún me huyes,
ven a mí, sin miedo, que ando
lleno como el cenicero de éste estudio.
en algún rincón. Puedo verte en unos
ojos verdes, eléctricos y fluorescentes,
de alguna mirada. Puedo sentirte, escondida
en el rizo de un suave cabello moreno.
Puedo olerte, y es tu perfume, tan cautivador...
Si amanece, y me despierto,
te encuentro en mil sonrisas;
y es el sol tu luz, éste lugar
tu refugio.
Ando tan cerca y tan distante,
me acerco sin buscarte, y allí
apareces, escondida, huidiza,
amedrentada entre tantas.
No te busco Amor porque aún me huyes,
ven a mí, sin miedo, que ando
lleno como el cenicero de éste estudio.
Agur
Aquí yacen los últimos
versos que te escribo.
Aquí, en el final del
último latido que
me has robado.
Tú y la Distancia,
y éstos celos frustrados,
y esta confianza presa.
Ahora es el momento
idóneo, en el que huyo,
como un cobarde enamorado,
como un guerrero malherido.
Ya he quitado las últimas
de tus fotos. Verte inerte
es no verte, y sin verte,
quiero ver un futuro
que me dé vida.
Recuerda aquella lluvia
que presagió tormenta,
recuerda aquel beso,
contrato de esta tortura.
Se cierne el telón,
en una triste soledad.
Se cierne el telón...
rejas aterciopeladas
de ésta, mi prisión
Dime amor, que aún
recuerdas tu sonrisa,
cuando al viento
espantábamos con un beso.
Dime amor, que aún
recuerdas, éstos celos...
Odiáme amor...
Ama al viento.
Es hora de partir,
para no desgarrar
nuestros corazones.
Es por eso, que
aquí yacen los últimos
versos que te escribo.
Aquí, en el final de
este verso, donde
sigo enamorado.
versos que te escribo.
Aquí, en el final del
último latido que
me has robado.
Tú y la Distancia,
y éstos celos frustrados,
y esta confianza presa.
Ahora es el momento
idóneo, en el que huyo,
como un cobarde enamorado,
como un guerrero malherido.
Ya he quitado las últimas
de tus fotos. Verte inerte
es no verte, y sin verte,
quiero ver un futuro
que me dé vida.
Recuerda aquella lluvia
que presagió tormenta,
recuerda aquel beso,
contrato de esta tortura.
Se cierne el telón,
en una triste soledad.
Se cierne el telón...
rejas aterciopeladas
de ésta, mi prisión
Dime amor, que aún
recuerdas tu sonrisa,
cuando al viento
espantábamos con un beso.
Dime amor, que aún
recuerdas, éstos celos...
Odiáme amor...
Ama al viento.
Es hora de partir,
para no desgarrar
nuestros corazones.
Es por eso, que
aquí yacen los últimos
versos que te escribo.
Aquí, en el final de
este verso, donde
sigo enamorado.
Otoño
Se acerca la soledad otoñal,
los árboles dejarán de vestir
sus preciosos trajes, para
desnudarse a los ojos del mundo.
Y el cielo se nublará, para anunciar
una bienvenida calurosa. El viento,
al que anhelábamos en su brisa,
ahora nos cubre con su manto fresco
que no aulla, pero te nombra.
Se ha cercenado la última cosecha
veraniega; migrarán los pájaros
hacia el sur, contemplando el
estúpido avance, que nos degrada.
Las estrellas han cambiado
su posición, y es Andrómeda quien nos
ilumina en sus noches de belleza,
respaldada por Perseo. Y la luna...
que no aulla, pero te nombra.
los árboles dejarán de vestir
sus preciosos trajes, para
desnudarse a los ojos del mundo.
Y el cielo se nublará, para anunciar
una bienvenida calurosa. El viento,
al que anhelábamos en su brisa,
ahora nos cubre con su manto fresco
que no aulla, pero te nombra.
Se ha cercenado la última cosecha
veraniega; migrarán los pájaros
hacia el sur, contemplando el
estúpido avance, que nos degrada.
Las estrellas han cambiado
su posición, y es Andrómeda quien nos
ilumina en sus noches de belleza,
respaldada por Perseo. Y la luna...
que no aulla, pero te nombra.
My Girl
Ya no quedan nubes en mi tejado
que pronuncien tu nombre.
Los rayos de sol que me calentaban,
ya son trazos fríos de un color
oscuro.
Las voces de la calle, son sordas
a mis oídos, y no encuentro
paz eterna.
La melancolía se cierne en mis
entrañas y allí, permanezco preso
de mi locura.
¿Cuándo será el día, aquel que soñamos?
¿y si el amor nunca fue eterno, sino efímero
como el que creamos?
Y estos pasos que doy, son pura inercia
de un cuerpo sin alma, de un corazón
podrido y enterrado.
Y dime en la distancia, que encontraste
la felicidad, que no hay sueños y esperanzas,
que te puedan condenar.
que pronuncien tu nombre.
Los rayos de sol que me calentaban,
ya son trazos fríos de un color
oscuro.
Las voces de la calle, son sordas
a mis oídos, y no encuentro
paz eterna.
La melancolía se cierne en mis
entrañas y allí, permanezco preso
de mi locura.
¿Cuándo será el día, aquel que soñamos?
¿y si el amor nunca fue eterno, sino efímero
como el que creamos?
Y estos pasos que doy, son pura inercia
de un cuerpo sin alma, de un corazón
podrido y enterrado.
Y dime en la distancia, que encontraste
la felicidad, que no hay sueños y esperanzas,
que te puedan condenar.
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