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Mi alma, un deseo

Déjame teñir el cielo azul
del blanco celo, que recelan
mis manos. Déjame plañir la
tierra verde, del negro odio
que enturbia mi voz.
Déjame ceñir este telar;
hoy soy esclavo de las Parcas,
y he quemado el destino escrito,
para entretejer mi propia
muerte negra, espesa y oscura.

Pesa en mi alma un deseo...

He estado hablando con Eolo.
Famas me contó sus rumores.

Mi muerte es la eterna esencia;
supervivencia de un recuerdo,
la eterna búsqueda de un cuerpo
efímero...

En el vaivén del tiempo,
tiemblan tambores de guerra.
En el vaivén del tiempo,
solo sobrevive un cuerpo.
Un amor eterno llamado Poesía...
Anoche se presentó ante mí un recuerdo olvidado; ya la noche se mecía en el alba, arropando con luz la presencia de la Luna.

Me ví sentado en la fría tierra seca. En mis manos notaba los terrones de arena dura, y al alzar la vista volví a ver el blanco cielo que cobijaba la huerta, bajo finas nubes cuadrículadas de color gris. En el exterior, se dibujaban las fronteras del campo. El viento se entrechocaba. Pasaba ululando entre las rendijas del invernadero, produciendo un sonido ensordecedor en los días de ventisca.
La voz de mi padre se alzaba al fondo, tosca y enternecedora. En sus manos, llevaba la azada, madera y metal. Pasó por entre las lindes formadas por los pequeños brotes que nacían. Paró a la mitad. Los brotes se mezclaban con la mala hierba, en algunas ocasiones se abrazaban en cortejo. La azada sonreía. Las manos ya besaban la madera; el metal se calentaba en su ascenso. Ya por encima de la cabeza del hombre, el niño cerraba los ojos.
El sonido era dulce. El acero ara(ña)ba la corteza gélida. Las fisuras a su paso se propagaban, el hierro se agarraba a la tierra. La azada hincaba sus uñas. Los brazos ya hacia atrás con fuerza. Muerta ya, la vida de la mala hierba.
El niño abría los ojos, y el proceso se repetía. Recuerdo en mi mano la dura tierra en grito, a la que yo daba vida, dibujando en su forma caras.

Asturias

¿Dónde se ha roto el espejo;
que dejó a mi tierra sumida,
y a ésta otra estancada?

El cielo gris; podrido por sus minas,
dibuja la tranquilidad que el alma
paciente buscaba.

Y en mi tierra yace la navaja
del sol candente, que el fuego
en movimiento aviva.

"Al otro llau" de Sierra Morena
se dibuja el silencio, una forma
y vida distinta del amanecer alegre.
Fúndete en mi fuego,
déjate llevar como la hoja
acariciada, viento suave
eterno en su ascenso.

Y fulminar en la cólera
de la tormenta despiadada,
un torbellino, que arde
en el cénit de su forma.

Llora la tierra, el mar,
la luna; miéntras ambos,
cuerpos fugaces, nos perdemos
en este instante; tiempo...

Soy ceniza de esta llama,
tizón del lánguido paladar,
tierno y pérfido, que como
el viento: pasa, arrastra...
y se va.

A las armas!

Lanza tu arma contra mi pueblo,
gólpeale hasta hacerle sangrar.

Ya en el suelo, písale hasta
que sus entrañas estallen, hasta
que tu rabia se sacie contra
tu hermano.

Sois vosotros la espada
de este gobierno.

Un gobierno sabio, gentil, que
todo lo que sabe es dar.

Carga contra nosotros tu aroma
olor a cloaca y pólvora, por ellos,
tus gobernantes que te arrojan
su mano desde lo alto de su Olimpo...

Noble guerrero,
despierta...
Noble guerrero,
es la hora...

Y solo dos...

Etérea, como tu mirada;
Efímera, como tus besos;
Extraña, como el tiempo;
Especial, como Tú.

Imponente, como el ocaso;
Imposible, como los sueños;
Impasible, como el caos;
Importante, como esta vida.

Áspera, y ardiente;
Ambiciosa, como una diosa;
Amable, como el mayor de los pobres;
Atractiva, como la última copa de la noche.

O eso o la muerte,
un deseo fugaz,
ofrécete, o hazme saber que estas.

Hundámonos entre alaridos,
animales sin coraza
que rompen sus cuerpos con el aire.

Dos cuerpos y mil palabras,
y mil silencios, y cien miradas.

Y sólo dos...
Ahora que notas el orden
aun sumiéndote en el caos,
ahora que el mundo lleva
nombre propio, y su esencia
es persistencia de tu existencia.

Ahora que has pisado el escalón
del miedo, y sin temblar, cruzaste.
Y te alzaste victorioso aún sintiendo
el alma vacía, un cuerpo sin
esperanza...

Es hora de que nazcas, de que mires
y veas al mundo, con los ojos primerizos
de un niño, que todo sea por primera vez.

Es hora de que lo aprendido, sea sólo el
curso de lo que queda por aprender, y sin
miedo... siempre, evitando el miedo...